EL RETICENTE MAGNATE DE LOS MEDIOS
Elizabeth Malkin y Antonio Betancourt
CIUDAD DE MEXICO -- Era evidente que Carlos Slim Helú estaba molesto. Había invitado a docenas de corresponsales extranjeros a almorzar un día del otoño pasado y, después de muchas preguntas acerca de las tendencias de negocios, un periodista lo presionó con respecto a qué se sentía tener tanto dinero en un país en el cual mucha gente enfrentaba dificultades para sobrevivir.
Slim interrumpió al interrogador y defendió su conducción de un vasto imperio comercial. Su cortante tono dejó en claro que él no favorecía ese tipo de cuestionamientos.
Slim, el hombre más rico de México y actualmente uno de los principales accionistas en y prestamista de The New York Times, tiene una compleja relación con los medios noticiosos. Invierte dinero en una diversidad de empresas de televisión y periodísticas y dice que vislumbra un brillante futuro para las empresas de medios que se adapten.
Pero, cuando los medios noticiosos concentran su atención en él, a veces transmite la impresión de que quiere que lo dejen solo para ganar más dinero en paz.
Ávido lector de periódicos de lo que él denomina la "generación del papel", Slim dice que él no considera necesariamente que el cambio a las noticias digitales, el cual ha dejado a empresas periodísticas enfrentando dificultades, termine siendo su marcha fúnebre. Las compara con las empresas de transportación al inicio del siglo XX, mismas que enfrentaron la llegada de los automotores. Las que se aferraron a los caballos no lograron sobrevivir.
Con compañías de telecomunicaciones, de ventas al menudeo y de construcción bajo su mando, Slim sobresale en el panorama mediático en su país. Notoriamente susceptible a las críticas, él no tiene que tomar el teléfono para gritarles a quienes publican y transmiten algo que no es de su agrado. Sus vastos recursos a menudo se traducen en una cobertura para nada crítica.
Slim se negó a través de su portavoz y yerno, Arturo Elías, a ser entrevistado para este artículo.
Raymundo Riva Palacio, un veterano periodista en la Ciudad de México, dijo que tras haber escrito una columna en el diario El Universal en 2006, en el cual condenaba a Slim por considerarlo monopolista, un asesor de Slim amenazó con retirar las inserciones publicitarias de sus empresas.
Esta no fue una amenaza cualquier. Las posesiones de Slim son tan vastas que él controla una gran porción de toda la publicidad a lo largo del país. Eduardo García, un periodista mexicano que dirige un sitio en español de noticias financieras en Internet, al tiempo que sigue de cerca a Slim, estimó que su riqueza ascendía a casi 44,000 millones de dólares para finales de 2008.
"Yo lo tomé como parte de la dinámica natural entre los medios de comunicación masiva y los poderes que hay en México", dijo Riva Palacio, agregando que el incidente se resolvió discretamente. "Así funcionan las cosas aquí".
Elías, el portavoz de Slim, dijo que no se había retirado un solo anuncio y que Slim no utiliza su poderío económico de esa manera. "Somos un importante anunciante, sí, pero eso no nos da el derecho a interferir en el aspecto editorial", aclaró Elías.
Slim amasó su fortuna comprando a empresas en aprietos para después lograr su recuperación, pero se sumó a las altas filas de los multimillonarios del mundo cuando compró el monopolio telefónico de México, Teléfonos de México, conocido como Telmex, al gobierno en 1990. Sus detractores dijeron que sus conexiones políticas le granjearon la empresa, pero él habría respondido que su oferta ganadora, por 1,760 millones de dólares, estuvo por encima del precio de mercado.
Actualmente, aun cuando el mercado telefónico de México está claramente abierto a la competencia, sus tarifas están entre las más altas del mundo. Telmex controla más de 90 por ciento del mercado local de líneas fijas y más de 70 por ciento del mercado de telefonía celular. Los competidores aseguran que dicha empresa frecuentemente siembra obstáculos en su camino, y los reguladores se muestran reacios a actuar.
En lo referente a los medios, los negocios de la familia Slim han invertido en una diversidad de redes de televisión y compraron una participación accionaria de uno por ciento en el diario británico The Independent el año pasado.
"Su influencia es tremenda", comentó García, quien publica un sitio de noticias financieras en Internet en la Ciudad de México (sentidocomun.com.mx), que da seguimiento a las muchas posesiones de Slim. "Es así como él se protege de todas las críticas que pudieran dirigirle".
Quizá se proteja de algunos detractores, pero no de todos. Denise Dresser, politóloga mexicana, sugiere de manera regular en columnas periodísticas que el trato favorable del gobierno, más que la sagacidad en los negocios, lo volvieron rico.
"Pasar a la historia como un malvado monopolista que desplumó a los consumidores mexicanos no es una imagen de sí mismo que le guste a él, pero es una imagen verdadera", dijo ella. "La posibilidad de que él hiciera sentir su peso, en sí, actúa como una mordaza".
Pero conforme la recesión de México se profundiza, los críticos de Slim se están multiplicando. Recientemente, pronosticó tiempos sombríos para México y recibió una reprimenda apenas disfrazada del Presidente Felipe Calderón, quien prefiere las evaluaciones optimistas, y dijo: "Quienes han recibido más de esta gran nación" están obligados a ayudar.
Slim se enfada ante las sugerencias de que no está haciendo lo que le corresponde por México. "Pienso que es perverso creer que no debería haber compañías fuertes en países pobres", dijo a los periodistas que asistieron al almuerzo de medios el otoño pasado.
Detrás de bastidores, sin embargo, despliega un equipo de abogados para combatir los esfuerzos por parte del gobierno para aplicar leyes antimonopolio en su contra.
La Comisión Federal de Competencia del país está investigando a las compañías de Slim. Pero a la agencia la supera en gasto y personal el propio Slim. Sus compañías "gastan más en un solo caso que todo nuestro presupuesto anual", dijo un funcionario de la comisión, que insistió en el anonimato porque no estaba autorizado a hablar públicamente sobre los asuntos de la dependencia.
Aun cuando Slim ve oportunidades de ganar dinero en los medios, Raúl Trejo, un profesor de periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México, dijo que Slim no es un aspirante a magnate de los medios que dicte la cobertura noticiosa.
En una cena en Londres en diciembre, después de que Slim compró sus acciones iniciales en New York Times Company, un grupo de editores periodísticos británicos expresó asombro por el gran tamaño de la sala de prensa del Times, que tiene aproximadamente 1,300 reporteros y editores. "No ofreció indicio alguno de si sabía el tamaño del personal", dijo un participante, que habló a condición del anonimato porque la reunión fue privada.
Elías comentó hace poco que Slim consideraba su inversión más reciente en The Times -- 250 millones de dólares, por los cuales recibirá tasas de interés de 14 por ciento y garantías de que son convertibles a acciones de Times Co. -- como un buen trato de negocios.
Él ya es dueño de 6.9 por ciento de la empresa y ha perdido decenas de millones de dólares en esa inversión. Según el nuevo arreglo financiero, esa participación accionaria podría crecer a 17 por ciento, aunque él no tendría representación en el consejo directivo de la empresa ni acciones con derechos de voto especiales.
Los banqueros que representan a The Times se acercaron a Slim con la oportunidad de inversión, dicen asesores de Slim. Dichos banqueros, en la empresa SunTrust Robinson Humphrey, se habían acercado primero vez a The Times con la idea de un trato con Slim, comentó una de las portavoces del Times, Catherine Mathis.
Aparte de los beneficios financieros, quienes conocen a Slim también ven en este trato un esfuerzo por apuntalar su reputación, ya que se vincula con un nombre bien conocido.
Acicateado por insinuaciones de que es algún tipo de barón ladrón -- etiqueta empleada por Eduardo Porter, editorialista del Times, en un artículo de 2007- Slim ha concedido más entrevistas en años recientes y ampliado su labor filantrópica.
"A diferencia de un gran número de personas de negocios que solamente se concentran en las cifras más recientes, él tiene una amplia variedad de intereses y con frecuencia cada vez mayor se concentra en usar su riqueza para mejorar el mundo", dijo Alvin Toffler, el escritor futurista, quien es amigo de Slim.
No sólo los recursos de Slim contribuyen a inclinar la cobertura a su favor, comentan periodistas mexicanos. Más bien, señalan, Slim, viudo y padre de seis hijos, tiene una personalidad sencilla y afable.
A menudo llega solo a los eventos, sin que sus guardaespaldas se vean por ninguna parte. Al dirigirse a la prensa, Slim puede mostrar una incomodidad nerviosa, pareciendo a veces el dueño de un pequeño negocio en vez del hombre más rico de México.
E incluso cuando los periódicos publicaron columnas que lo criticaban por sus recientes comentarios negativos acerca de la economía mexicana, todas las primeras planas de los principales diarios en la Ciudad de México publicaron recientemente artículos sobre el rumor de un romance entre Slim y la Reina Noor de Jordania; especulación que Elías rápidamente echó por tierra.
"Los periodistas cubrimos a tantos tipos malos en México, tantos egos inflados, que Slim, con todos sus defectos, no parece tan malo", comentó Riva Palacio, el periodista de la Ciudad de México.
sábado, 21 de marzo de 2009
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